Sala de espera, un cuento mío en la revista La rabia del axolotl.


Soy el doctor Tario y esta es la primera grabación de consulta de la señora Z
—Perdón, doctor, si entro a la carrera, mire que ya he pasado cinco minutos esperando afuera y para mí el tiempo es muy valioso. Perdone también mi hablar entrecortado, trataré de calmarme; usted tiene que ayudarme, ha identificado enfermedades que parecen sacadas de La Dimensión Desconocida. ¿Está grabando esta conversación?
—Así es, señora Z. Es rutinario y confidencial; parte de mi proceso de diagnóstico.
—Es perfecto, porque en cinco minutos usted y todos me habrán olvidado, pero mi historia quedará en su grabadora. No diga nada, doctor, sólo escuche lo que tengo que decir. Creo que todo comenzó en el aeropuerto, tenía que tomar un vuelo y había llegado muy temprano, así que entré a uno de los Wings, el que está en planta baja. Me encontraba desayunando cuando llamó mi atención una fotografía en blanco y negro, ampliada, que estaba sobre mi gabinete: una de una serie de fotos antiguas, todas tomadas en el aeropuerto, pero en los años cincuenta. Era evidente eso por lo viejo de la foto y la ropa que usaba la gente que ahí salía. A la fotografía que me refiero es un largo y ancho pasillo, una sala de espera enorme y larga, atiborrada de gente elegante que, sin embargo, no espera quieta, va y viene. En el extremo izquierdo de la foto se pueden ver módulos donde la gente recoge su pase para abordar. Es una foto emocionante por la gran cantidad de personas que captura y sin embargo no tiene esa calidad de multitud homogénea en la que los rostros se pierden, por el contrario, cada persona se distingue y es singular. Ahí comenzó a ponerse raro, pues contemplaba con detalle los rostros de las personas cuando entre ellos descubrí el mío. Sí doctor, es mi cara la que se puede apreciar con claridad entre otras muchas personas de las primeras filas. No recuerdo haber estado ahí pero estuve. Soy yo. No me lo imaginé. Le tomé una fotografía con mi celular a la fotografía y se la quiero enseñar. Mire aquí la tengo en mi celular, véala doctor.

(para continuar la lectura del cuento, pase por acá)
http://www.larabiadelaxolotl.com/3038-2/

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