Entrevista publicada en Auctoritas Noticias en Brasil
Auctoritas Noticias: ¿Cómo comenzó tu relación con la escritura y qué experiencias te llevaron a convertirla en una parte fundamental de tu vida?
Fernando de León: Siendo bachiller, hubo una invitación abierta a colaborar en una página juvenil, dentro de un periódico regional, estaba coordinada por otros alumnos de mi misma universidad. Yo era un lector en ciernes que disfrutaba las historias de fantasmas y detectives, pero nunca había considerado escribir ni publicar nada. Sólo por probar, escribí algo y se los entregué. A la semana salió publicado y el impacto de ver mi texto impreso me cambió la vida.
Ese primer texto no era cuento ni poema o ensayo, no tenía género definido, y recuerdo que intentaba plantear una inconformidad con mi realidad y mi persona: “A veces pienso que estoy loco…“ Así comenzaba.
De golpe había gente que yo no conocía leyendo y comentando mi texto y aquello me voló a la cabeza: escribir y publicar es tener una posible conversación abstracta y anacrónica.
Mezcla de soberbia y estímulo intelectual, escribir y publicar es una adicción, por eso comencé a escribir y proponer colaboraciones al periódico cada semana. Por cada una que aceptaban, rechazaban dos, pero fui muy tenaz y muy pronto aprendí que el rechazo, pero sobre todo, la corrección, son partes medulares del acto de escribir. Sin embargo, ni la obstinación o la edición al publicar, te hacen escritor, por el contrario, sólo pude estar seguro de que ya lo era cuando, sin tener seguridad alguna de publicar, seguía escribiendo y puliendo lo escrito.
AN:Después de tantos años dedicado a la narrativa, ¿cómo ha cambiado tu manera de encontrar y contar una buena historia?
FdL:Precisamente porque he atravesado muchas épocas, he probado muchas estrategias Al principio sentí que imaginaba por completo mis historias o que provenían de mis sueños y pesadillas, pero a un nivel más consciente noté que las historias vienen de los sentidos, de la observación, pero también del cine y la pintura, de lo escuchado que puede ser ruido, música o voz, de lo que se come y se palpa, las historias provienen de olores más que nada. He intentado escribir por encargo sin buenos resultados. He escrito algunos libros siguiendo un proyecto y una documentación previa. He escrito a partir de otras escrituras. Cada vez me descubro más acompañado en cuanto a los elementos de la creación y lo único que reconozco como mío es la voluntad de hacerlo.
AN: En tus textos conviven la memoria, la imaginación y la observación de la realidad. ¿Cómo decides qué elementos pertenecen a cada historia?
FdL: Es armar un rompecabezas y soy maniático del orden. Estoy convencido de qué cada pieza tiene su lugar. En esta teoría de conjuntos sé que el grupo memoria se distingue del grupo realidad y que el grupo imaginación surge de la intersección de ambos, porque tanto la realidad observada como la memoria pueden estar distorsionadas por la imaginación. Mi única brújula es la arbitraria meta que pretenda alcanzar: si estoy buscando escribir un argumento que tenga un mecanismo fantástico, necesitaré de todo lo que consideramos real para rasgarlo. Si por otro lado, me interesa escribir una historia realista, sacrificaré los sueños y las fantasías. No se trata de eliminar elementos de esta ecuación, sólo quitarles peso e inclinar la balanza narrativa a donde quiera que se incline.
AN: Has trabajado también con biografías y memorias. ¿Qué has aprendido al reconstruir las experiencias de otras personas?
FdL: Entiendo que la ficción es la manipulación de una historia, con una intención literaria. La biografía es el arte de respetar los recuerdos, de convertirlos en lenguaje sin que haya casi pérdida en el proceso. La elección de palabras que hace toda persona al contar su vida por escrito, tiene una meditada transparencia. Los leo y trato de ayudarlos a que encuentren claridad narrativa, pero nunca usurpo su lugar como relatores de aquello que sólo conoce cada cual y que es la propia vida.
Estoy con Marcel Schwob en su Arte de la Biografía cuando afirma que “el arte no clasifica, desclasifica”, y cada vida es única y digna de contarse. También estoy con Philippe Lejune al aceptar sin dudar el pacto autobiográfico que establece no cuestionar nada de lo que se cuenta en en calidad de recuerdo. Proponerle a alguien una estructura para contar su vida es mirarse al espejo y responder introspectivamente ¿qué es lo más urgente e indescartable por contar de mi vida?
¿Qué he aprendido? Que no todos escuchan el llamado de la ficción, pero que cualquiera puede asumir el reto de escribir su autobiografía.
AN: ¿Qué libro o proyecto representa mejor el momento creativo que estás viviendo y qué te gustaría explorar en tus próximos trabajos?
FdL:El impulso creativo es variado, como un carnaval que tiene para mí un poco de todo: argumentos de fantasía o de conjetura histórica, microrrelatos o novelas; ensayos y memorias. Por eso mis libros tienen dificultad en acoplarse a un género más que a otro, o en pertenecer a algún nicho, (igual que mi primer escrito).
En mis últimos libros he logrado agrupar textos afines entre ellos: en Manuel de comportamiento fantástico, publicado recientemente en España, reuní sólo cuentos de corte fantástico y en If reuní mis cuentos que parten de anécdotas históricas y librescas. En este momento escribo algo de tintes policiales, el cual es un género muy divertido y laborioso. Quiero explorar, en breve, una distopía en forma de novela, porque no hay nada más misterioso y onírico que imaginar el futuro.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario